Por fin en casa y por fin un poco de descanso en esta semana tan ajetreada.
Una semana corta por que empezó el martes, pero que se ha hecho un poco larga entre unas cosas y otras. Sobre todo, por que tuve que bajarme a Valencia el miércoles pero para narrar baloncesto así que tampoco puedo quejarme, pero cansa.
El jueves sólo una clase, la última, pero es que esa clase es infumable. Y el día de hoy, en la universidad obligado por un seminario, más de lo mismo. Pero, como de costumbre, los seminarios se pasan con el portátil en mano y el internet encendido con todas las redes sociales abiertas. Y hoy estuvo bien el tenerlas abiertas.
A mitad de mañana, se abrió una conversación en mi cuenta de Tuenti que me sorprendió un poco, pero al final fue una grata sorpresa. Una de las personas con las que se pierde el contacto poco a poco, pero que cuando le apetece saber de ti lo hace sin tapujos, y hoy pasó eso.
La última vez que nos vimos fue hace casi ya tres años, y ahora no podemos vernos a menudo por un motivo que no voy a explicar aquí ya que no es necesario, pero que hoy me haya dicho que tiene ganas de verme me ha alegrado y mucho, y me apetecía decirlo por aquí.
Luego, pasaron las charlas y se acabó el seminario. A comer, y otra vez la mejor compañía posible acompañándome a todos los lados con su sonrisa, pero también con sus pellizcos para sacarme de quicio, pero menos mal que la tengo.
Ahora, ya en la cama y descansando, escribo esto mientras escucho la narración del miércoles.
Mañana se presenta con unos planes perfectos.
Por que lo bueno, siempre está por llegar...
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